Hidrovía del Río Uruguay: el próximo desastre
En estos días se han reunido varias veces los integrantes del Comité de Hidrovía del Río Uruguay, y creo que es importante repasar un poco el estado de las cosas.
Actualmente cuentan con autorizaciones desde hace unos 3 años, el dragado del Paso Almirón (acceso a Paysandú), que en manos de la burocracia uruguaya no avanzó prácticamente nada. Lo otro también en espera es el refulado de 16 pasos entre el km106 y el 187 (acceso a C. del Uruguay), a 23 pies total, pero sin presupuesto para su realización.
En el comité se habla mucho de integración y del desarrollo a partir de la misma, “optimizando recursos naturales”. Bueno, pero una integración debería partir del respeto de los Estatutos vigentes, el respeto al desarrollo de ciudades vecinas, de la consulta a los habitantes de esa región, debe tener en cuenta que se cumplan las normas de navegación, de que las prefecturas cumplan con su rol y tengan equipamiento necesario, debe haber normas claras y firmes sobre transporte de sustancias peligrosas, debe tener un buen tratamiento de residuos en puertos y evitar volcados y contaminación. Todo lo contrario a eso, es desarrollo de un pequeño número de empresas y no necesariamente de la gente que solo sufrirá consecuencias.
Nadie habla de estudios de impacto, ni tampoco del futuro del río teniendo en cuenta lo poco que se sabe de cómo lo afectará el inevitable cambio climático. Sobre este último, si bien es difícil de pronosticar, se puede decir que todos coinciden en que el Uruguay, será un río con régimen bajo y como consecuencia de las lluvias fuertes y abusivo talado de bosques nativos, tendrá un rápido escurrimiento de aguas con corrientes por encima de las hoy conocidas. Esto obligaría a un dragado permanente e inviabilidad económica.
Queda por ver también quien paga esos costos, no solo de un dragado, sino de su mantenimiento. Porque ya hemos visto el caso del acceso a Paysandú, que no alcanzo a terminarse y una crecida lo tapó.
Tal vez sea hora de sincerarnos y buscar lo que realmente conviene como región y su desarrollo y no en montarnos a programas fundados en estudios surgidos de consultoras, casi todas del hemisferio norte (véase IIRSA). Tal vez sea hora de mirar a los puertos naturales, como Ibicuy, con 36 pies de calado sin mantenimiento y que espera desde hace 40 años la infraestuctura necesaria. Tal vez ya sea hora que C. de Uruguay entienda que el tiempo no lo podemos detener, y así como Gualeguaychú tuvo un puerto pujante hace poco más de un siglo, hoy el de la histórica está llamado a ser uno pequeño, porque el tamaño de hoy de los barcos de ultramar y los que se vienen, hacen obsoleto y caro su funcionamiento.
Todo indica un destino inevitable para este puerto, lo que haría que en este negocio nuestro país sea el inversor y las grandes empresas radicadas en Uruguay las beneficiadas. Porque no queda duda de la necesidad de hoy de UPM-Botnia de mayor calado que le daría más rentabilidad, a eso se le agrega Montes del Plata (Stora) que solo puede sacar 16-19 mil TN de chip desde M’Bopicua, y los necesitará si o si en su futura planta de Conchillas, la revitalización del proyecto de la minera brasileña Vale SA (compradora de Rio Tinto) en la Agraciada, etc.
¿Qué tipo de desarrollo busca esta “integración?. Seguimos apostando agredir a la naturaleza con el solo objeto de inundar los mercados con materia prima, y en ese modelo está muy claro quién queda con la parte del león y quienes pagan las consecuencias.
Tal vez por una vez deberían atender el alerta de Gualeguaychú en defensa del río, y trabajar para que la principal fuente de agua de la región no se convierta en un nuevo Riachuelo, buscando desarrollos armónicos que nos permitan convivir, con lo poco que queda, sin depredar del planeta.
gustavo@fundavida.org.ar



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