EL CHAUVINISMO: UN NEGOCIO RENTABLE PARA LA CLASE POLÍTICA URUGUAYA
Aratirí: ¿la Botnia de Mujica?
Cada vez más la minera Aratirí se perfila como una piedra en el camino que deberá sortear el presidente José Mujica, tal como Tabaré Vázquez lo hizo con la pastera Botnia. La diferencia principal es que Aratirí no se concibe como “causa nacional”
El presidente José Mujica quiere que Aratirí se transforme en una “causa nacional” como lo fue UPM (ex Botnia). Así lo transmitió a su gabinete hace una par de semanas durante el Consejo de Ministros, en el que resaltó la necesidad de “construir un acuerdo político nacional acerca de este emprendimiento” minero, según señaló el ministro de Turismo, Héctor Lescano. «Este proyecto de Aratirí puede tener en su final del proceso un concepto similar al que tuvo la ex Botnia, nuestra planta de celulosa, que finalmente terminó siendo una causa nacional que contó con muy amplio respaldo», resaltó el secretario de Estado. Sin embargo, las historias de Botnia y Aratirí, tienen orígenes muy diversos.
Causa nacional
El conflicto de UPM fue un legado que Mujica heredó de su antecesor Tabaré Vázquez, o si se quiere ir más lejos del de Jorge Batlle, y que solucionó el año pasado cuando acompañó el consenso de los presidentes de América Latina y apoyó al ex mandatario Néstor Kirchner, ahora difunto, como titular de la Unasur. Ese acto le valió el levantamiento del corte del puente Gral. San Martín, que los ambientalistas de Gualeguaychú mantuvieron bloqueado durante tres años y medio. El corte constituyó un fuerte dolor de cabeza para todos los uruguayos, al punto de convertirse en una “causa nacional” que alineó a todos los partidos políticos.
El escenario político uruguayo se presenta muy distinto ante el anuncio de la instalación de la minera Aratirí, que implica una inversión de US$ 3.000 millones. Y es que el miedo por los daños ambientales que puede llegar a causar la explotación de minería a cielo abierto rompió el idilio entre los partidos políticos que había caracterizado al conflicto UPM. Mujica, quien ahora parece estar convencido de lo beneficioso que resultará para Uruguay este proyecto, no deberá enfrentarse a la oposición o a los piqueteros de países vecinos, sino a los ambientalistas y al sistema político uruguayo.
Y si había dudas de que faltaba unidad política entorno al proyecto, la triple interpelación a los ministros de Industria (Roberto Kreimerman), Medio Ambiente (Graciela Muslera) y Turismo (Héctor Lescano), impulsada por el diputado nacionalista Gerardo Amarilla, semanas atrás, lo dejó en claro. Legisladores alertaron que el proyecto contaminará el medio ambiente, causará daño en los pulmones y no será compatible con la producción agrícola ganadera. Al proyecto no sólo se oponen los partidos tradicionales, sino también el Partido Comunista, perteneciente al Frente Amplio.
Según el politólogo, Ignacio Zuasnábar, director de Equipos Mori, la diferencia de consenso entre ambos temas se debe a que “la agresión de un país vecino (como supuso el conflicto Botnia) despertó el sentimiento nacionalista” de los uruguayos y eso llevó a que tanto partidos políticos como medios de comunicación y la opinión pública se alinearan atrás del gobierno. En cambio, como Aratirí no cuenta con ese “componente binacional” no influye tanto en la opinión pública y los políticos se sienten con “más libertad” de acción.
Por su parte, el politólogo del Instituto de Ciencias Políticas, Adolfo Garcé, opinó que el frente opositor interno, político y social que enfrenta Mujica puede transformarse en “una gran oportunidad política”, que le redituaría “un beneficio político significativo”. Garcé no descartó que lograr un acuerdo entorno a Aratirí sea “muy difícil”, dadas las “importantes resistencias” dentro de la oposición, pero tampoco lo catalogó de “imposible”. El politólogo añadió que la propuesta de nacionalización del hierro del diputado nacionalista José Carlos Cardoso, podría ser una salida para el presidente.
Por esto mismo, su triunfo dependerá de la “apertura que muestre la oposición”, señaló Zusnábar. “Está claro que el gobierno va a ser todo lo que esté en sus manos para lograr un acuerdo. Pero el resultado es incierto”, manifestó.
No hay que olvidar que un capítulo aparte para lograr la tan mentada “unidad nacional”, lo merecen los ambientalistas argentinos, que a diferencia de lo que sucedió con Botnia, ahora son uruguayos. Si Botnia encendió los ánimos en Gualeguaychú, Aratirí dio impulso para que un grupo de productores de la zona centro del país y de la costa de Rocha se unieran en lo que se denomina “Movimiento para un Uruguay sustentable” con el objetivo de dar batalla contra este emprendimiento minero. El movimiento realizó su primera marcha en “Defensa de la Tierra y los Recursos Naturales” el pasado 13 de mayo. En la oportunidad logró reunir a más de 2.500 personas, según los organizadores.
Idas y vueltas
Pero no caben dudas de que antes de sentarse a negociar, el presidente deberá definir la mejor forma para concretar el proyecto. El año pasado su instalación era casi un hecho y los acuerdos “estaban muy avanzados”, según habían dicho a El Observador fuentes del gobierno. Pero en abril de este año, el tema tuvo un giro de tuerca, y el mandatario aseguró que veía “difícil” la concreción de la inversión. Esta idea duró poco y en junio se mostró seguro de la conveniencia del mismo y hasta propuso definir el tema por consulta popular. Como esta idea no prosperó, planteó que la decisión final la tomara la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama). Días después sugirió el método de consulta popular para especificar el destino de las ganancias que dejará el emprendimiento. Más tarde defendió la idea de asociar al Estado con Aratirí.
La posición con Mujica difiere de la de Vázquez, que si bien siendo candidato se opuso a la instalación de la pastera, una vez en el gobierno defendió la inversión y perseveró en su postura más allá de las dificultades que la misma le ocasionó: problemas de relacionamiento con Argentina, puentes cortados y cuestionamientos ambientales, que finalmente fueron descartados. Es verdad que Botnia fue un “problema serio” para Vázquez, pero también fue una “oportunidad política”, manifestó Garcé. “Cada vez que endurecía su discurso contra Argentina, Vázquez aumentaba su popularidad”, explicó.
Quizá, el único punto flojo que tuvo el ex presidente en la negociación del conflicto sea la excepción que confirma la regla. En marzo de 2006, cuando Vázquez se reunió con Kirchner en Chile y mandó suspender las obras de Botnia durante 90 días para dar plazo a un acuerdo, su popularidad bajó 10 puntos, cayendo del 54% al 44%, recordó Zuasnabar. Sin embargo, el politólogo de Equipos Mori manifestó que las idas y vueltas de Mujica entorno a Aratirí no afectarán tanto su imagen, ya que el tema “no está en el tapete” para la opinión pública.
Inversión extranjera
Lo único que parece estar claro es que si la izquierda uruguaya tendió a oponerse a la inversión extranjera, nunca imaginó que una vez en el poder se concretaran las inversiones extranjeras más voluminosas.
Siendo aún candidato a la Presidencia, el ex presidente Tabaré Vázquez prometía que de llegar al gobierno iba a dar todas las garantías necesarias para que los inversores llegaran a Uruguay y lo vieran como un destino seguro. Y aunque asombró a muchos, sus palabras se tradujeron en obras.
Esta es la política que hoy continúa impulsando su sucesor, José Mujica. Y aunque su pasado lo condena, no tiene ningún reparo en decirlo y repetirlo. «Entiendo perfectamente las leyes del capitalismo; no tengo que pedirle altruismo al capitalismo porque está para multiplicar riqueza y reproducirse», dijo Mujica recientemente ante un grupo de empresarios. «Sabemos perfectamente el valor que tienen ciertas reglas de juego para que la economía capitalista funcione».
Quizá, lo que no vislumbraron estos líderes, que en algún momento se llamaron “anticapitalistas”, fue que su afán por atraer inversiones extranjeras iba a traspasar los límites que ellos mismos se propusieron. Y es que en los últimos años, Uruguay se convirtió en una luz en el tablero mundial, no solo por la cantidad y dimensión de inversores que se sintieron atraídos, sino por las problemáticas políticas, medioambientales y sociales que estas inversiones despertaron.
La instalación de Botnia, ahora UPM, en Fray Bentos fue la que encendió el primer centello de luz. Pero si UPM fue “la pesadilla” de Vázquez, la minera Aratirí, de capitales indios, puede convertirse en “la pesadilla” que atormentará a Mujica salvo que logre la tan ansiada “unidad nacional”.



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