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Y todavía se anima a hablar…

García Moritan

Gustavo Rivollier (FUNDAVIDA)
El sábado pasado, un grupo de intelectuales publicó en dos de los principales medios gráficos argentinos, una nota crítica a la decisión del gobierno argentino de llevar nuevamente al Uruguay ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

En el contenido no me quiero detener, porque es harto sabido lo que piensan muchos de sus firmantes, que dicen apoyarse en principios de hermandad, oportunidad y vaya a saber que otros elucubrados supuestos; pero hay uno que de los adherentes que se destaca por su participación en el conflicto papelero, me refiero al ex Embajador Roberto García Moritán.

Los que hemos transitado durante años la dura batalla contra Ence y luego Botnia-UPM, lo tenemos en un lugar destacado de nuestra memoria y no precisamente por su buen desempeño en el conflicto.

García Moritán presidió desde el 2000 y durante varios años la Comisión Administradora del Río Uruguay, precisamente cuando esta historia comenzaba.

Recuerdo claramente cuando ya en 2001-2002, la gente del Foro Ambiental y de Redes padecían sus recurrentes evasivas a explicar tantas cosas que ya entonces anunciaban lo que se venía.
 

Cuando el entonces Diputado Corfield, legislador por Entre Ríos, pidió explicaciones por vía legislativa, el embajador entonces se amoldó a la situación, pero sin abandonar su visión equivocada y sus elusiones a las referencias concretas que preanunciaban lo que ocurriría.

Sus posturas eran claramente opuestas a las visiones de las organizaciones sociales que luchaban para cuidar el río Uruguay, como ejemplo: sus actuaciones para llevar adelante el proyecto de represa de Pepe Ají en cercanías de Colón y los proyectos de exclusas de navegación hacia el lago de Salto Grande propiciados por la Unión Europea, organismo a quien García Moritán permitió tener oficina dentro de la misma CARU durante ese período.

Su gestión facilitó la aprobación del Puerto de M’Bopicuá (proyecto financiado por el BID con aval del estado uruguayo), lugar desde donde Ence ya planeaba su pastera, aunque luego intento una disculpa con un “no lo ví venir”. No conforme con eso, fue el quien aprobó el plan PROCEL, que era como su nombre lo indica, nada menos que un monitoreo del Río Uruguay en “zona de celulosas”. Esto último usado por el Uruguay como argumento de aceptación y conocimiento por nuestra parte ante la Corte Internacional de Justicia. También en su gestión se anuncia Botnia, que es hoy la peor herida que sangra aún entre uruguayos y argentinos.

Tampoco quedó atrás a la hora de manejarse con iniciativas personales claramente opuestas a las acciones de la Cancillería Argentina: mantenía reuniones con autoridades uruguayas todo el tiempo, hasta con el mismísimo Canciller del Uruguay en ese tiempo, Didier Operti. Se manejaba como si fuera él encargado de las relaciones binacionales y no el Canciller.

Roberto García Moritán, nos hizo mucho daño y nos puso en situación de desventaja que bien caro nos costó luego en el desarrollo de la controversia.

Por eso es que me pareció necesario recordar alguna de sus trapisondas por el río de los pájaros pintados, las interesadas andanzas de un personaje que pretendió poner las políticas oficiales de la diplomacia de nuestro país al servicio de intenciones inconfesables, contrarios al interés nacional, el regional y de las organizaciones sociales que siempre hemos defendido nuestro maltratado río.
Operti-Bielsa

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