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“SOMOS EL CAMPO”: O CUANDO PRETENDEN QUE LA MENTIRA ES LA VERDAD

RÁPIDAMENTE SE VAN CERRANDO LOS CAMINOS A LA AGRICULTURA INDUSTRIAL

Monsanto ha comenzado a pagar los daños que producen sus venenos en los seres humanos, especialmente su agrotóxico insignia: el glifosato, que de acuerdo a los tribunales de EEUU produce cáncer, entre otros graves males.

Robert Kennedy Jr., hijo del famoso político homónimo, asesinado por sus ideas en el siglo pasado es uno de los abogados que junto a  Brent Wisner han tomado la defensa de las víctimas de estos químicos empleados en la agricultura industrial.   Han declarado: “Los ‘informes independientes’ que afirman que el glifosato es seguro fueron escritos por los empleados de Monsanto, mientras que Monsanto ignoró reiteradamente las preocupaciones de seguridad expresadas por científicos genuinamente independientes”.

Detrás de este juicio se han lanzado una catarata de demandas contra Monsanto (Bayer), hasta la fecha ya superan los 10.000 y siguen aumentando.

Ya no quedan dudas que la agricultura industrial en base a agrotóxicos enferma y mata no solo a las personas que la instrumentan sino y sobre todo a quienes consumen los productos por ella elaborados, aunque este daño no se manifieste en forma inmediata.

La humanidad lleva 10.000 años de practicar la agricultura sustentable para producir sus alimentos, solo en los últimos 50 se generalizó esta forma perversa de obtenerlos.  Los responsables son las compañías químicas alemanas que desarrollaron estos venenos para matar seres humanos durante las guerras mundiales del siglo pasado y luego los reciclaron en la agricultura mundial con la clara intención de obtener, vía patentes internacionales el control de la alimentación global, intención en la que han avanzado temerariamente con la complicidad de jueces que les ‘patentan la vida’ y políticos que sancionan las perversas leyes que los respaldan, como es el caso de los diputados y senadores argentinos que por estos días están considerando una “ley de semillas” hecha a la medida de estos intereses.

El sistema es feroz, no solo obtiene ‘alimentos’ que enferman y matan sino que también destruye la fertilidad de los suelos al practicar el monocultivo a repetición. Uso productivo que para los productores inescrupulosos actúa como la más adictiva de las drogas porque maximiza su renta en el cortísimo plazo aunque después solo quedarán suelos inertes y envenenados.

La sociedad ha comenzado a reaccionar cada vez más enérgicamente  y desde las comunidades  próximas a las tierras  de cultivo se van imponiendo limitaciones cada vez más severas a estas prácticas inhumanas.

Los productores locales asociados al modelo han quedado prisioneros de su ambición y falta de escrúpulos y se ven obligados  a mentir abiertamente apelando a toda clase de argumentos falaces que ya ni vale la pena enumerarlos y refutarlos porque se caen solos.

Ahora también la Justicia entrerriana, una de las provincias más fumigadas del planeta, han tomado el tema y comienzan a emitir fallos en consecuencia, aquí una entrevista a un Juez que se ha puesto en el tema

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Entrevista al juez Lorenzo Rodríguez: “El sector productivo debe tomar conciencia de los productos que está utilizando”

Abogado oriundo de Colón, se desempeñó como presidente del tribunal de la Cámara Primera en lo Criminal de Córdoba y es autor del primer fallo penal en Latinoamérica contra la fumigación ilegal.
Fuente: El Entre Ríos / por Luciano Borcard
-¿Cómo analiza esta situación de permanente conflictividad que se repite en distintos puntos del país, entre productores y algunas asambleas de ambientalistas, a raíz de las fumigaciones?
-Las sentencias judiciales no son para conformar a un grupo de personas ni medios periodísticos, por lo cual siempre habrá una mitad contenta y otra que no lo estará. El sector productivo debe tomar conciencia de los productos que está utilizando, porque he visto en allanamientos en Córdoba como los pobres peones de campo dormían al lado de los tachos, mientras el productor se iba a vivir a la ciudad. Esto no es una lucha de poder sino de conciencia de todos los sectores, sin llegar a convertirse en fanáticos o dogmáticos, con coherencia, sabiduría y capacidad de comunicación y entendimiento.
-¿Cree que la legislación nacional se encuentra a la altura de las circunstancias para preservar los intereses de ambas partes?
-Está la ley 24.051 por la cual yo condené, pero cada provincia que conserve autonomía para dictar sus propias leyes tiene su legislación ambiental sobre cómo se deben realizar las pulverizaciones respecto a capacitación y recetas fitosanitarias, que muchas veces se hacen en forma totalmente salvaje. La legislación está a la altura de las circunstancias, pero las personas que deben aplicarla muchas veces no.
-Usted ha sido autor de un fallo pionero en Latinoamérica, en relación a un caso de fumigación ilegal en Córdoba. ¿Cómo fueron los hechos?
-Yo juzgué penalmente la contaminación de un barrio, que se llama Ituzaingó Anexo en la zona sur de Córdoba, donde un productor agropecuario fumigó hasta los bordes del vecindario, incluso ocupando parte de campos que no le pertenecían, una vez en 2004 y otra en 2008. Se roció todo con una mezcla increíble de elementos químicos. La sentencia fue la primera en su tipo en el país y coronó una lucha de más de diez años de los vecinos del lugar, que estuvieron denunciando las consecuencias de las fumigaciones en su salud.
-¿Qué opina del reciente fallo del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, respecto a la prohibición de fumigar a mil metros de las escuelas rurales?
-Lo leí y me encantó. El código de procedimientos penales de Entre Ríos está copiado del de Córdoba, que ha estado siempre en la punta del viento en materia de legislación. En Entre Ríos ha salido ahora y no entiendo por qué los productores dicen que van a perderse de cultivar 300 mil hectáreas, porque veo que entre Nogoyá y Tala se están invadiendo hasta los costados de las rutas cultivando soja, cosa que está prohibida. Hay exageraciones de un lado y del otro: uno tiene que buscar el equilibrio basándose en la sabiduría, respetando lo que marca la legislación, sin llegar a ningún extremo de fanatismo para no perder credibilidad.
-¿Entiende que puede ser viable, en el corto o mediano plazo, avanzar hacia una producción agroecológica?
-De 1996 para atrás no existían las manipulaciones genéticas por agroquímicos ni muchos productos que son tan mal utilizados hoy en día. Antes se cultivaba orgánicamente e igualmente era rentable.

Sobre el histórico fallo

El tribunal presidido por Rodríguez condenó en 2012 a tres años de prisión condicional al productor rural Francisco Parra y al piloto aeroaplicador Edgardo Pancello por las fumigaciones ilegales en el Barrio Ituzaingó Anexo, cercano a Córdoba capital.
Los hechos ocurrieron cuando la Municipalidad de Córdoba ya había declarado al grupo poblacional en emergencia sanitaria, entre otras razones por la presencia de productos agroquímicos contaminantes. Según la acusación, en las pulverizaciones realizadas sobre los campos ubicados en inmediaciones del barrio se utilizó endosulfán y glifosato, en violación a la Ley de Agroquímicos de Córdoba 9164, que prohíbe la aplicación aérea de esos productos agroquímicos en un radio menor a los 1500 y 500 metros de distancia de las poblaciones urbanas, respectivamente.
La causa fue elevada a juicio tras constatar que la zona estaba contaminada con un cóctel tóxico. En el Barrio Ituzaingó fueron denunciados 200 casos de cáncer, 100 de los cuales resultaron fatales. Además, sobre una muestra de 142 chicos se comprobó que 114 tenían agroquímicos en su organismo.

 

 

 

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