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PROTOCOLO DE KIOTO: OTRA “MENTIRITA” DE LOS PAÍSES RICOS

Los países poderosos del planeta elaboraron y firmaron en 2005 el Protocolo de Kioto, comprometiendose a frenar el Cambio Climático, pero acostumbrados a la consigna: Animémonos y vayan.       Ninguno de ellos cumplió las metas.  El planeta se desangra, especialmente por sus aportes a la contaminación y al calentamiento global. Las horas de la Tierra están contadas.

ESTA VEZ ELLOS TAMBIÉN TENDRÁN QUE HACERSE DE LAS CONSECUENCIAS

13 años de una Gran Frustración

kioto

La problemática del calentamiento global es real. Muchos activistas y científicos investigan para encontrar una solución para que la situación no siga empeorando. El calentamiento global ya ha provocado terribles efectos en la Tierra: aumento de la temperatura, derretimiento de los glaciares, selvas quemadas y esto no va a cambiar nunca, a menos que realmente hagamos algo. El Protocolo de Kioto entró en vigor el 16/02/2005.

Poco que celebrar desde 1997 a la fecha: las emisiones de gases de ‘efecto invernadero’ acumuladas han aumentado más de 50%, de 22 a 36 miles de millones de toneladas de equivalentes de CO2. El aumento nos ha colocado a las puertas de una situación crítica en el que cambios climáticos irreversibles, como el deshielo del Ártico (Polo Norte), y el deterioro de ecosistemas vitales como los arrecifes de coral .

El Protocolo de Kioto es el logro principal de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), foro establecido en la Cumbre de Río en 1992. Ha sido el 1ro. y único en establecer objetivos sometidos a la ley para controlar gases invernadero y contó con la participación de 192 países además de la Unión Europea (UE).

Los estados miembros fueron divididos en 2 anexos:

> Anexo 1: Economías industrializadas
> Anexo 2: Países en vías de desarrollo.

Mientras que los primeros están bajo obligación de reducir su contaminación, los segundos deben limitarse a un llamamiento general sin tener ningún tipo de compromiso.

El protocolo se limitó específicamente a reducir las emisiones totales de los seis gases principales: Dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido de nitrógeno (N20) y 3 fluoruros (HFC, PFC, SF6), en al menos 5% para 2012, en comparación a 1990.

El Anexo 1, integrado por 37 economías industrializadas, puede cumplir sus objetivos de la manera que les convenga, incluso mediante el intercambio de carbono. Además el Protocolo posee dos instrumentos únicos y propios, conocidos como el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) y la Implementación Conjunta.

Los países que no llegan a cumplir sus objetivos de emisiones deben compensar por la diferencia, además de que se les asigna una penalidad de 30%, en cualquier 2do. periodo de compromiso. El objetivo de reducir un 5% los gases con efecto invernadero entre el periodo de 2008-2012, vino acompañado del establecimiento de algunas políticas y medidas económicas que cada país adquirente del compromiso debería realizar.

El compromiso de los países firmantes era “reducir el total de sus emisiones de esos gases a un nivel inferior en no menos de 5% al de 1990 en el período de compromiso comprendido entre el año 2008 y el 2012”.

La reducción del 5% se refiere a niveles globales, no todos los países compartían el mismo porcentaje de reducción.

La realidad es que de los 36 países que adoptaron este compromiso, solo 9 incumplieron su compromiso, pero los demás lo cumplieron de forma sobrada, de forma que las emisiones en estos países se redujeron más de lo esperable. De hecho, estos países redujeron sus emisiones en un 24%. A esto contribuyó el colapso de la Unión Soviética, y, más recientemente, la crisis económica global, que también contribuyo a ralentizar el ritmo de crecimiento de las emisiones.

Pero los países firmantes no incluían ni a USA ni Canadá, países que aumentaron notablemente sus emisiones y que, de haberse incluido en el protocolo, habrían resultado en su incumplimiento en términos globales.

USA puso su firma pero no la ratificó, considerando que reducir sus emisiones le restaría competitividad frente a otras economías emergentes como China o India.

El Protocolo de Kioto nació supuestamente para preservar pero el principal país emisor de gases (USA) ni siquiera forma parte del programa vigente. Y China, otro protagonista, tiene una actitud ambivalente.

El Protocolo de Kioto fue inicialmente adoptado el 11/12/1997 en Kioto, Japón, pero no entró en vigor hasta el 16/02/2005, esto se debe a que se había establecido como requisito para su entrada en vigor, lo ratificación de los países industrializados responsables de, al menos, un 5% de las emisiones de CO2, lo cual se logró finalmente con Rusia en noviembre de 2004.

Amanda Rosen, en un artículo publicado hace 2 años en la revista “Politics and Policy” calificó el Acuerdo de Kioto como el acuerdo equivocado en el momento oportuno.

El momento era el oportuno porque actuar sobre las emisiones de una forma más decidida en ese momento hubiera requerido un esfuerzo muy inferior al que ahora se necesita.

La solución era claramente equivocada porque, como se ha constatado, no se ha solucionado nada, a pesar de que técnicamente se cumplió el protocolo, a la vez que se ha perdido un tiempo precioso colocándonos al borde del abismo en una situación en la que ya no podemos fallar de nuevo.

También hay que admitir que, siendo el objetivo final la reducción de un 5% de los gases contaminantes, para 2012 estos se habían disminuido un 22,6%, por lo tanto si a efectividad nos referimos los resultados fueron óptimos, ¿pero a que precio?

Una de las críticas más duras que ha recibido el programa es “la mercantilización de la atmósfera”, ya que la flexibilidad del mismo otorgaba unos denominados “permisos de emisión”, los cuales permitían a los países comprar o vender, la “aplicación conjunta” que permite la inversión necesaria para la reducción y créditos generados en condiciones preferentes para ello y, por último el “mecanismo de desarrollo limpio” un concepto parecido en el que las inversiones se realizan de parte de un país desarrollado y en un país que aún continua su proceso de expansión.

La compra de derechos de emisión o, lo que es lo mismo, pagar para poder contaminar más, permitía comprar por menos de 4 euros la emisión de una tonelada de CO2.

Tras diversas reuniones de seguimiento (Montreal 2005, Nairobi 2006, Bali 2007, Poznan 2008 y Copenhague 2009) fue en Cancún 2010 donde la Convención acordó prorrogar los compromisos del Protocolo de Kioto, que cubriría el período 2013-2020. De nuevo, países clave como Japón, Rusia o Canadá no respaldaron la prórroga. USA tampoco lo hizo, si bien cuenta con plan de adaptación al cambio climático.

Este 2do. período, establecido en 2012 y conocido como la Enmienda de Doha, tendrá como nuevo objetivo conseguir que la temperatura del planeta no suba más de 2ºC respecto de la era preindustrial.

La canalización de financiamiento y tecnología de apoyo a países en desarrollo tuvo avances importantes. Los países desarrollados reiteraron su compromiso de continuar el financiamiento a largo plazo, con miras a movilizar 100 mil millones de dólares para adaptación y mitigación hasta el 2020.

Además, las partes acordaron seguir con esfuerzos para implementar Planes Nacionales de Adaptación en países en desarrollo. Para ello, iniciaron diálogos sobre el mecanismo de daños y pérdidas que permitan el reconocimiento financiero a países víctimas de desastres climáticos significativos.

Kioto ya no daba para más y en diciembre de 2015 los países miembros de la Convención dieron origen al Acuerdo de París (AP), que reemplazará a Kioto a partir de 2020 y aportará 2 avances:

> las obligaciones se fijarán para todos los países y

> el dinero que se invierta en esta lucha será inyectado en acciones concretas necesarias para evitar que la temperatura del planeta aumente más de 2°C a finales de siglo, que es el gran compromiso que añade.

El acuerdo fue negociado durante la XXI Conferencia sobre Cambio Climático (COP 21) por los 195 países miembros, adoptado el 12/12/2015 y abierto para firma el 22/04/2016 para celebrar el Día de la Tierra.

En un primer momento China y USA, responsables entre ambas del 38% de las emisiones de gases de efecto invernadero, habían ratificado el nuevo acuerdo. Sin embargo a principios de 2017, el presidente francés Emmanuel Macrón invitó a más de 50 jefes de Estado y Gobierno firmantes del acuerdo en 2015, menos al estadounidense, Donald Trump, quien se retiró del acuerdo tras calificarlo como “debilitante, desventajoso e injusto”.

Trump tiene a la mayoría de los líderes europeos enojados por su falta de compromiso con la OTAN, su actitud hacia el comercio y su falta de voluntad para colaborar en temas como el cambio climático, dio a China el espacio que necesitaba para posicionarse como líder en cambio climático, una oportunidad que Xi Jinping no dejará pasar.

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