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LA “CALIDAD ALEMANA” Y EL DOBLE ESTANDAR MORAL DE LOS EUROPEOS

          Si existe un mito que hemos consumido en la era industrial ha sido el de las calidad de la tecnología alemana, pero dos hechos conocidos durante los últimos meses que tienen graves implicancias ambientales han sido letales para destruirlo.

TECNOLOGÍA ALEMANA Y EL DOBLE ESTANDAR MORAL

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El primero es el de la calidad de los motores diésel que equipan a millones de vehículos producidos por la industria de ese país vendidos en todo el planeta. La objeción que siempre tuvo esta alternativa mecánica fue y sigue siendo la grave contaminación ambiental que generan esos motores y por esta razón la mayoría de los países donde son exportados han creado regulaciones estrictas sobre las emisiones que son admitidas.

Inmediatamente establecidas dichas restricciones la industria automotriz alemana, con sus marcas premiun a la cabeza, léase Mercedes Benz, Porsche, Audi, Volkswagen y BMW anunciaron que sus vehículos equipados con este tipo de motores cumplían con las más estrictas normas mundiales de emisión, para poder seguir vendiéndolos sin restricciones.   En primera instancia los consumidores de todos los países confiaron y siguieron adquiriendo sus vehículos diésel, hasta que se supo la verdad, que se convirtió en el mayor escándalo mundial de la industria, que se desató cuando estas empresas reconocieron haber instalado software en sus vehículos con un programa de falsificación de las mediciones de emisiones contaminantes en los millones de coches diésel vendidos en todo el planeta para engañar gobiernos y consumidores.

El diéselgate estalló en Estados Unidos y se expandió a otras partes del mundo, hizo perder a la empresa miles de millones de euros en la bolsa e infligió un duro golpe a la reputación de la industria alemana.

Las consecuencias recién comienzan a sentirse, la industria alemana viene acordando pagar miles de millones de dólares a los consumidores estafados en concepto de indemnización por el engaño.   Aunque la olla recién se destapa y el fondo todavía no se ve.

La segunda, no menos grave y con severas consecuencias para nuestra región, es la prohibición de la entrada de miel uruguaya al mercado alemán por contener trazas de glifosato, el agro tóxico emblema de la agricultura industrial. El presidente de la Sociedad Apícola del Uruguay, Rúben Reira, afirmó que el 70% de la última zafra de miel no se pudo exportar por los residuos de glifosato que contenía.

Si tuviésemos que mostrar lo que es una paradoja, este sería el ejemplo perfecto: Bayer (Monsanto) es la empresa que introdujo y comercializa los mayores volúmenes del glifosato en el planeta y mientras para vendérnoslo argumenta que es prácticamente inocuo, pero, Alemania, el país que le da bandera a esta empresa, prohíbe a los alimentos que lo contienen ingresar a su mercado interno.

¿Nos queda claro?

 

 

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