EDITORIAL DE EL ARGENTINO DE GUALEGUAYCHÚ
El medioambiente también es la Patria
Ningún político argentino, sea del signo partidario que sea, dudará un segundo en reivindicar los derechos soberanos del país sobre las Islas Malvinas. Hasta dirán “que las Malvinas son y serán argentinas”. Está muy bien esa concepción, no hay dudas.
Sin embargo, llama la atención que tanto políticos como una gran parte de la sociedad no tengan los mismos sentimientos patrióticos a la hora de defender el medioambiente y evitar que las empresas extractivas se lleven no sólo los recursos naturales sino también el mejor sentido de la República.
Lo ocurrido en Gualeguaychú con la lucha contra las pasteras (Ence primero y Botnia –UPM- después) es un claro ejemplo de ello. De hecho, todavía en el parlamento argentino existe una ley a favor de las inversiones de Finlandia que reza en su último artículo “que en caso de duda, prevalecerá el texto en inglés”. La misma frase que existe en la ley que sancionó el Parlamento uruguayo, dado que ambas normas son un calco entre sí. Vendepatrias, no merecen otro calificativo.
Lo que está ocurriendo con la pesca indiscriminada en los mares del sur también pasa porque la dirigencia gubernamental, política gremial, empresaria y gran parte de la sociedad miran para otro lado a pesar de que se está llevando a cabo una de las mayores depredaciones ictícolas en toda la historia nacional.
Las minerías a cielo abierto, que el Estado les paga para que se lleven los metales, especialmente el oro, es una vergüenza nacional, gobierne quien gobierne y hoy lo hace el kirchnerismo. Lo sucedido en Famatina, donde ni siquiera tienen en cuenta la licencia social (que está por ley y es un derecho de los pueblos) habla a las claras de que la Patria a veces es un concepto muy abstracto cuando de gobernar se trata.
Malvinas, para que nadie interprete lo que no se dice, es un caro sentimiento argentino y está regada con sangre de patriotas (no de quienes alentaron la guerra). Nadie discute esa perspectiva. Lo que se pone en tela de juicio es que no hay el mismo fervor para hablar de Patria cuando del medioambiente se trata, porque permiten –poniendo de rodillas a la República- que los mejores recursos del país sean usurpados. Y lo hacen ¡hasta favoreciendo a estas multinacionales con leyes! Nuevamente, vendepatrias es el calificativo que mejor los describe.
Lo ocurrido con la patria sojera es otro claro ejemplo de cómo se puede socavar la soberanía de un país, incluyendo la soberanía alimentaria. Hace poco, la legislatura entrerriana aprobó una ley habilitando el uso de los agrotóxicos en zonas de islas (lo que estaba prohibido). Esa ley, de la que alguna vez deberán rendir cuentas, ¿favorecerá a los pueblos entrerrianos o a los vendePatrias sojeros? La respuesta es tan obvia, como vergonzante la actitud legislativa.
Son innumerables los ejemplos que se pueden dar en la actualidad para comprender que a la Patria se la está descuartizando tierras adentro. La soberanía de la Nación es una entidad única, del mismo modo que un territorio se defiende no sólo por sus límites sino también por la utilidad que se hace de él. Por eso el medioambiente también es una medida de Patria y en ese campo, hay demasiados negociados entre políticos y empresarios trasnacionales y pocos beneficios para el pueblo soberano.
