30 abril, 2012 – 14:47 | No Comentado

Esta vez un magno invitado acude a nuestro encuentro: el RIO URUGUAY de nuestros desvelos que viene a mostrarnos sus gigantescas heridas provocadas por la acción criminal de quienes lo están destruyendo con la artera complicidad de quienes deberían evitarlo.

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Biocombustibles: energía para el holocausto

Enviado por el día 29 diciembre, 2011 a la hora 8:19No Comentado

Colaboraciones
El Argentino, 29 de diciembre de 2011

El consumismo absurdo de los países ricos ya no puede ser satisfecho por sus propias reservas y disponibilidades de recursos naturales y materias primas; entonces se han lanzado por asalto a controlar los del resto del mundo y trasladarlas a sus economías.

En este cometido desarrollan campañas institucionales para convencernos que el blanco es negro y lo bueno, malo, en el afán de que seamos espectadores cómplices del latrocinio a nuestras posibilidades presentes y futuras de generación de alimentos, proponiéndonos la participación en sus proyectos de generación de “energías limpias”, como arteramente las llaman, cuando en realidad significan transformar nuestros alimentos en combustibles que soporten su desenfrenado consumo aún a costa de agravar los problemas de hambre estructural que afligen centenares de millones de personas en este cada vez mas sobrepoblado planeta.
Paradojalmente para elaborar biocombustibles es necesario utilizar combustibles, de hecho cultivar una hectárea significa utilizar no menos de 400 litros de petróleo en forma de insumos a la maquinaria empleada y además fertilizantes elaborados con él.
Se da entonces la paradoja de que, dado que nuestros productores agropecuarios acceden a combustibles subsidiados para sus procesos productivos, al enviar nuestros biocombustibles a los países del norte estamos transfiriendo no solo nuestra fertilidad vía las semillas utilizadas para elaborarlos sino también subsidios económicos para que sean aprovechados por los consumidores de los países ricos.
En esta época en que algunos subsidios sociales son cuestionados por algunos sectores de la población por diversos motivos, estos mismos sectores, sin cuestionarlos como en este caso, son el vehículo de transferencia de recursos y subsidios a consumidores extranjeros.
En un planeta cuya organización social y productiva parece haber sido diseñada por un monstruo mitológico, los hombres avanzamos disciplinadamente hacia el precipicio.

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