www.diarioelargentino.com.ar Jueves 15 de diciembre de 2011
El campo argentino
Si algo caracteriza a la agricultura nacional y especialmente a la entrerriana, es la de ser generadora casi exclusiva de commodities. Está claro que el actual sistema permite aumentar los rendimientos físicos de los cultivos de alta respuesta, pero también es verdad que sus resultados tienen consecuencias ambientales, sociales y económicas que recién comienzan a evaluarse y ese examen tiene una nota demasiado baja.
¿No ha llegado el momento de considerarse otras alternativas que tengan otro esquema socio-ambiental y que simultáneamente permitiera el desarrollo agrícola de manera sustentable? ¿Podrán la agricultura argentina y entrerriana escapar a la simplificación que presenta la producción de commodities y fortalecer y desarrollar nuevas alternativas productivas de modo que sus agroindustrias aprovechen la demanda de alimentos más sanos que el mundo reclama? En este punto de la reflexión es oportuno recordar que la sustentabilidad no es la mera conservación de los recursos naturales y del medioambiente sino la expresión más cabal del desarrollo económico y social con características de estable y equitativo. Está claro que cambiar la matriz productiva, que permita pasar de una agricultura industrial a otra industrial sustentable es un proceso lento, complejo y lo que es más importante nunca se dará de forma natural. Antes hay que disponer de un conjunto de instrumentos económicos, sociales y políticos así como de tecnologías y conocimiento de procesos aplicables que sean adecuados para los mercados. Más allá de las noticias sobre las cosechas récord, en el país y en la provincia hay demasiados indicadores que están señalando un agudo deterioro de los recursos naturales. La incorporación de cultivos como la soja implicó también consumir a escala industrial los llamados paquetes tecnológicos con sus agrotóxicos incluidos que hoy cambió no sólo los ciclos agrícolas sino que está dejando su peor huella: secuelas de erosión, infertilidad en los suelos, empobrecimiento en la biodiversidad, ruptura de los ecosistemas con los desmontes y hasta una agricultura sin agricultores por el empobrecimiento de los pequeños y medianos productores. Argentina ya no es un país cerealero, sino que está siendo un país productor de harinas para alimento de animales y en menor medida aceitero. Esa es la triste realidad. Argentina y Entre Ríos debe repensar la necesidad de apoyar la diversificación de sus alternativas productivas. Lamentablemente no hay señales desde el Estado para estimular la poliproducción integrada, único camino válido para garantizar su aceptación social y su ajuste ecológico, además de elementos modernos que permitan la administración y comercialización exitosa de sus granos. Es una cuestión de escala y con estas reglas, solo los grandes (los pool de siembra, por ejemplo) tienen asegurada la victoria y con ella insignes ganancias, aunque para ello se debe eliminar lisa y llanamente al pequeño y mediano productor.
