En la época que no había putas BOTNIAS que nos quitaran la alegría del abrazo y del encuentro, cuando José venía, en verano, a Las Cañas, nos cruzábamos a escucharlo y después del recital, a tomarnos juntos, quinticientas Patricias, celebrando ser hermanos. Guillermo
JOSE:
LA MUERTE
ESA VIEJA PUTA Y FRÍA TE VINO A BUSCAR
PERO TE VAMOS A TENER SIEMPRE EN EL RICON MAS CALENTITO DEL ALMA
Aqui unas historias tuyas de Juan Lacaze;
“Las historias de mis canciones”
El sábado 10 de abril de este año, Carbajal presentó en el Teatro Solís un espectáculo denominado “Las historias de mis canciones”, recital que luego fue reiterado en el Teatro Macció de San José.
El cantautor lacacino se encontraba ahora trabajando en la edición en DVD de dicho concierto.
A continuación, el material en el que narra algunas de esas historias.
LOS PANADEROS
El baldío estaba a la vuelta de mi casa y era enorme. El baldío… era casi toda una manzana de grande. En ese baldío paraban los circos y pedían la electricidad a los vecinos para hacerlo funcionar.
En ese baldío también paraban los gitanos y… armaban sus carpas. Todo era una fiesta. Cuando llegaba el circo o los gitanos… todo era una fiesta, pero más fiesta era cuando todos se iban y el baldío quedaba solo… porque era nuestro.
Cuando no había nadie… a la hora de la siesta, nosotros íbamos ahí a jugar al fútbol… yo que sé…. íbamos a, a jugar. En ese baldío. La gente de la fábrica, o sea la fábrica tiraba algunos sobrantes de lana. Esa lana… con el tiempo… se iba juntando con la tierra y se formaba una mezcla que se calentaba… y fermentaba en el verano… y se llenaba de zapalleras… y de entre las guías repletas de hojas que se desparramaban hacia todos lados formando un manto verde… saltaban las flores amarillas como trocitos de sol.
El baldío era precioso. Fermentaba y… nosotros inventábamos que había un volcán ahí… que algún día iba a reventar un volcán ahí.
Era la mugre de la fábrica que fermentaba en ese baldío y en nuestras cabecitas.
El baldío también tenía tártagos donde nosotros hacíamos…. entre los tártagos hacíamos una casillitas con hojas, con ramas y ahí fue donde empezamos a fumar los primeros tabacos Río Novo, que manoteábamos de casa. Incluso hacíamos pipas con los cabitos de los tártagos.
Ahí remontábamos cometas… era… era una fiesta permanente. El baldío era el lugar más bonito que tenía el barrio.
Y los perros eran los compañeros inseparables.
Los perros… además esos perros que a veces muerden. Esos perros (risa) que pueden ser malos, pero con nosotros eran buenos. Esos perros que corrían junto con nosotros….
Y cuando empezaban a despeluzar los cardos, cuando empezaban a perder los panaderos, o a liberar los panaderos, el viento los iba arrastrando y nosotros con los perros corriendo los panaderos o no. Digo… puede ser una imagen poética eso de correrlos. Cazábamos los panaderos y existía aquella cosa casi ritual de sacarle el pan, pedirle tres deseos y soplar… soplar el panadero… liberarlo otra vez. Los panaderos se pintaban de dorado, de brillo con el sol, siempre a la hora de la siesta. Además no sé por qué recuerdo que no llovía… claro… si llovía no volaban. Entonces había siempre brisa. Por eso en la canción digo que era en primavera y en realidad no es en primavera.
Los panaderos salen cuando comienza el otoño cuando se secan los cardos y siguen saliendo todo el otoño a veces. Es muy lindo este recuerdo de libertad que tenemos de la infancia, de esa libertad que teníamos cuando éramos botijas…cuando éramos niños. Y llegar al baldío con los perros. Entrar a correr, entrar a inventar… a inventar juegos. Y estábamos además a la vista de los mayores porque el baldío estaba rodeado de casas, eh. Había un murito y los vecinos nos cuidaban. Era lindo sentirnos protegidos junto con… con los perros y junto con los recuerdos.
ANGELITOS
Este fue uno de los grandes desafíos.
Nunca había tenido compromisos cuando escribía.
Cuando escribía textos de canciones…o bueno, cuando hacía… cuando hacía canciones.
Nunca había tenido ningún compromiso… con la gente porque escribía para mí. Para sacarme las ganas de contar.
Pero esta canción… esta canción tenía que ser muy especial.
Esta canción… tenía que ser dulce.
Yo sentía que no debía hacer una canción agresiva…
No podía hacer una canción agresiva porque si no… me iba a parecer a ellos.
Tenía que hacer una canción que sensibilizara.
Que sensibilizara a toda la gente.
Nosotros vivíamos en París… y nos llegaban las informaciones de lo que sucedía en Uruguay.
Boletines…que salían en la clandestinidad en esa época… iban apareciendo los nombres… de gente… de adultos… que eran secuestrados…
Y aparecían, los nombres de NIÑOS… secuestrados.
Yo, me puse a hacer esta canción… con… los nombres que tenía en ese momento… y se me hizo muy difícil porque… Cómo hacer una canción que llegara a todas partes? Que le llegara a los de derecha… a los de centro… a los de izquierda y… que le llegara hasta a los indiferentes.
Que no fuera una canción de protesta… sino… de solidaridad. Donde el niño fuese lo más importante y NO… la posición política de los padres de esos gurises secuestrados …o… de sus secuestradores …o… la mía propia.
Una canción de denuncia… pero no gritada y cargada de odio… porque corría el riesgo de que solo las víctimas la escucharan.
Quería que también los victimarios la escucharan. Que pensaran… si es que podían..
Que sintieran… si es que les quedaba resto.
Que pararan y que devolvieran lo que se habían llevado… que eran nuestros niños.
Yo… era el autor de “pantalón cortito” y había penetrado todas las capas sociales… porque había tenido la suerte de encontrar el lenguaje para contar la felicidad…la creatividad… y la libertad de nuestra infancia… más allá de la pobreza.
NO PODIA EQUIVOCARME.
Me pelié conmigo mismo… porque no podía con la bronca… y con la sensación de impotencia. NO – PO – DIIIA EN TEN DER… que eso estuviera pasando en Uruguay.
El país del viejo Batlle.
El de la escolaridad obligatoria.
El de la jubilación a los cincuenta años.
El país donde el derecho a la huelga estaba en la constitución.
El de la ley madre.
El país donde el estado estaba separado de la iglesia… y siempre había existido la libertad de culto y bla, bla, bla.
La suiza de América.
¡ME ENTRABA UN ODIO!
Pero tenía que bajar la pelota al piso y seguir buscando la manera de decir todo eso sin decirlo… porque era la única posibilidad que tenía de llegar más allá de mis impulsos… y poner en unos versos el amor por los chiquitos y no… el rencor por sus carceleros.
FRAY BENTOS ACORRALADA”
