El fallo del Tribunal de la Haya, no por previsible deja de poner un gusto amargo en la boca y un ardor en los ojos.Nunca pudieron engañarnos, intuíamos que este tribunal declararía un empate técnico. Un tiron de orejas para cada uno, pero el monstruo seguirá erguido vomitando tóxicos hasta que la voluntad de los ciudadanos se imponga.
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